Un niño de 10 años se acercó a mi mesa con esta carta el domingo. No era para hacer un desafío de intercambio, ni siquiera para vender la carta. Simplemente pensó que su nombre era hilarante y estaba caminando por ahí mostrándosela a todos. ¡HAGAMOS QUE LAS CARTAS SEAN DIVERTIDAS OTRA VEZ!